Capítulo I: La escalera, la cuerda, y Will Graham.

Desperté sudando, asustado. Había visto a Abigail morir más de una vez en mis sueños, pero nunca de esa manera tan brutal, gimiendo de dolor, siendo cortada por el Dr. Gideon mientras aún seguía viva, tal y como él lo había hecho con el Dr. Chilton,como una hermosa y tortuosa venganza. 

Abigail se encontraba en el hospital, siendo vigilada constantemente tras sus escapes, y yo, junto a Hannibal, como sus guardianes, o padres, íbamos a verla la mayoría de los días de la semana, y los domingos, si es que las investigaciones habían terminado, y Hannibal me evaluaba bien, salíamos juntos por algún lugar, sólo si Alana, como su doctora, nos daba permiso para sacarla, porque, a pesar de ser una de mis mejores amigas, lo que más importaba era la salud mental de Abigail, que había empeorado luego de la muerte de Nicolas Boyle, y de Marissa Schurr, una de sus únicas amigas, la única que seguía confiando en ella. Pero Abigail si era culpable, y aunque yo y Hannibal supiéramos eso, nuestro deber era cuidarla dentro de aquel hospital. Por eso mismo, cuando recibí el llamado de Jack diciendo que Abigail estaba internada en un hospital común y corriente, supe que algo andaba mal, pero el único que se atrevió a comentarlo fue el Dr. Lecter. Abigail había intentado suicidarse. Yo no logré entender por qué, y seguramente nunca lo entendería.

Mi cabeza dio vueltas. Con todo eso, y las dudas que recorrían mi mente, junto con las pesadillas por la noche, tenía que resolver un nuevo caso, donde una mujer había sido asesinada en su cama, por la noche, pero no había una sola gota de sangre. Rápidamente comprendí que era un patrón simple que rondaba mi cabeza hace días tras leer el diario. Era un asesino en serie que recientemente comenzaba, y tenía un extraño gusto por drenar la sangre de sus víctimas. Podría ser algún imbécil doctor que pretendía ser un espléndido donante de sangre, pero su cuerpo no tenía tanta como para ser tan perfecto… Pronto comprendí que no era así, le gustaba mantener la sangre en bolsas, como las de hospitales, claro, pero ¿porqué no las llevaba a casa? ¿No suponían acaso una ayuda, un trofeo? No. Las dejaba bajo la almohada de sus víctimas, ¿por qué?

La muchacha tenía incontables cicatrices a lo largo de sus extremidades. Algunas heridas recientemente cerradas, otras que llevaban años tratando de desaparecer, y otras tan profundas, que se veían oscurísimas entre su piel pálida e impecable. Eso hizo que me estremeciera, y en seguida le pedí a Jack permiso para ir a asistir a Abigail. Me detuvo de inmediato, me dijo que si estaba preocupado, él mismo me iría a dejar a la casa del Dr. Lecter para que conversara con él, él me tranquilizaría, y estaría en condiciones de volver al trabajo.

Trabajo, trabajo… Eso era todo lo que importaba para Jack, ni yo, ni mi pequeña y extraña familia le importábamos. Él quería salvar vidas, y yo también, pero tampoco quería volverme loco, a pesar de que ya sabía que era demasiado tarde para mí. 

Jack estuvo todo el camino hablando de sus teorías, mientras yo pretendía que lo escuchaba, sin embargo, lo único que escuchaba era una respiración pesada en mi oído, el roce de las cornamentas, un cuerpo fuerte acercándose a mí, acechándome. Cada vez más y más peligroso, más y más cerca. Vi como la lluvia chocaba contra el vidrio delantero del auto, y cientos de cadáveres ausentes repartidos por la carretera. Pasábamos sobre ellos, pero ni Jack, ni Beverly podían verlos, ni oír los gritos de aquellas almas siendo devoradas por el animal gigante que seguía a mis espaldas.

Cuando llegamos bajé del auto presuroso. Quería escapar de la voz ronca de Crawford, no oír sus palabras culpándome de aquellos problemas que agobiaban mi mente, aún cuando el eligió que siguiera trabajando con él cuando yo no estaba apto para hacerlo. Hannibal no dijo nada, simplemente esperó a ver que podía suceder conmigo, y ahora, todos están asustados, pero no pueden dejar los casos a la mitad, excepto Hannibal, que si puede detener a Jack, lo hará en un segundo, y me pondrá seguro.

“Abigail está bien, fue un pequeño arrebato Will, no debes asustarte. Alana está con ella en el hospital a la hora, tiene un par de vendajes en las muñecas, y le hicieron un terrible lavado de estómago”.

“Dios…”.

“Pero no estás aquí por eso, ¿por qué Jack quiso que vinieras?”

“Está frío aquí…”

“¿Quieres pasar adentro? Oh, estoy siendo demasiado desconsiderado, estaba tan preocupado por su llamada, que olvidé que estas sillas son tremendamente incómodas. Pasa, el sillón te espera”.

Le comenté a Hannibal lo muy mal que creía que estaba. Vi la lluvia, sabiendo que era imposible que lloviera, sentí una respiración que no estaba allí, el roce de las cornamentas duras, cuando ni siquiera el asiento del auto rozaba mi espalda, porque me asustaba sentir algo en la longitud de mi espalda. Estaba temblando, sudando nuevamente, pero estaba vez estaba despierto, y un fuerte temblor se manifestó en mi cuerpo. 

Hannibal me tomó de las manos sin pensarlo en un momento, y sujetó mi cabeza mientras el temblor se detenía, y me abrazó por un momento, para que yo dejara de alterarme cada vez más. Estaba asustado, y eso él lo sabía, pero nunca comentaría nada. Sólo hablaríamos de mis alucinaciones y lo vívidas que eran, y sobre mi relación con el destripador, y Jack Crawford, que cada vez se volvían más extenuantes y exigentes. 

Cerré los ojos sólo por un momento en aquel sillón tibio, mientras apoyaba mi cuerpo en el costado del Dr. Lecter, sollozando despacio por el miedo que esos repentinos temblores me causaban. Estaba asustado, y nadie más que mi psiquiatra, mi amigo, podía entenderme, pero no podía cuidarme de mí mismo, nunca podría alejarme de mi propia mente tan peligrosa.

Pero cuando los abrí, sentí y supe instantáneamente que estaba en un lugar diferente.

“¿Hannibal?”

“¿Qué pasa Will?”

“¿Do-dónde estoy?”

“Vamos a hacer un ejercicio Will”.- Mi cuerpo se encontraba amarrado a la escalera que daba hacia los estantes de libros que Hannibal tenía en su oficina. Ya no estábamos en la sala de estar de su casa, sino que ahora era algo totalmente dirigido hacia mi salud, ¿no? Pero yo no lograba entender cómo.- “Tienes un trastorno de empatía, eso lo sabes desde el principio. Quiero que te pongas en mi lugar, Will. ¿Qué harías tú si fueras yo, en este momento? ¿Que le harías a Will Graham? ¿Lo matarías? ¿Lo analizarías? ¿Lo besarías? ¿Lo maltratarías? ¿Abusarías de él?. – Mi cuerpo se estremeció, porque de alguna manera u otra, siempre supe de las intensiones de Hannibal,  ya que las mías eran parecidas. Claro que no de la misma manera, ni tampoco tan explícitas, pero siempre sentí aquella enferma conexión.

Aquella notoria tensión sexual entre mi psiquiatra, esta cuerda, y yo.